Quienes practican el ghosting, sienten miedo al “rechazo” y tienen la “incapacidad para poner límites”.
Quienes practican el ghosting, sienten miedo al “rechazo” y tienen la “incapacidad para poner límites”.
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Ghosting: una alternativa “brusca” para terminar relaciones sociales y su impacto en la salud mental

En diálogo con Zona Cero, la psicóloga clínica María Eugenia Sarmiento explicó en qué consiste esta práctica y sus consecuencias en quienes la practican y la sufren.

El fenómeno del ghosting se ha venido consolidado como una de las prácticas más frecuentes en las relaciones interpersonales en la actualidad. Sin embargo, pese a su popularidad en el lenguaje cotidiano, muchas personas aún desconocen el impacto real –y muchas veces negativo- que esta tiene en quien lo sufre.

De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española (RAE), el término ‘ghosting’, ‘ghosteo’ o ‘ghostear’, significa “desaparecer y/o esfumarse” rompiendo una relación -ya sea en un ámbito personal, afectivo o laboral- sin dar explicaciones y cortando toda comunicación.

En diálogo con Zona Cero, la psicóloga clínica y magíster en Psiconeuropsiquiatría y Rehabilitación, María Eugenia Sarmiento, explicó que este “es un tema muy de moda” y muchas personas "ignoran el impacto que tiene" en la otra persona cuando le dejan de responder llamadas, mensajes o incluso bloquea por completo el contacto en plataformas digitales.

“No existe un perfil único ni una edad específica para el ghosting. Puede ser practicado por adolescentes, jóvenes o adultos mayores y, en la base de este comportamiento, suelen encontrarse dificultades para gestionar la expresión emocional”, explicó.

Esta práctica consiste en la decisión deliberada de cortar intencionalmente toda comunicación con alguien.

La experta mencionó que algunas personas no saben “cómo comunicar que han perdido el interés” o que han “decidido terminar” una relación de amistad, sentimental o familiar, y se les hace más “fácil” desaparecer antes que afrontar una conversación incómoda.

Señaló, además, que entre quienes recurren a esta práctica se encuentran personas conescasa responsabilidad afectiva, que inician un vínculo, se pierden y reaparecen meses después como si nada hubiera ocurrido, priorizando su propia comodidad por encima del bienestar ajeno”.

También, en muchos casos quienes practican el ghosting, sienten miedo al “rechazo” y tienen la “incapacidad para poner límites”. Asimismo, esta se puede aplicar como una medida de “control o castigo” que posteriormente se transforma “en una manipuladora”.

Pese a que la especialista aclaró que hacerlo “no define necesariamente un trastorno psicológico”, sí aseguró que es un “patrón relacional nocivo” que debe erradicarse debido a sus “graves consecuencias”.

Posibles consecuencias

El impacto sobre quien sufre la desaparición repentina suele ser profundo –aseguró la psicóloga- pues el aspecto “más doloroso” radica en la ausencia de explicaciones, lo que deja a la víctima llena de “preguntas y reproches” sobre si hizo algo mal o con la esperanza de que la otra persona regresará.

“Esta falta de cierre puede derivar en cuadros de ansiedad, deterioro de la autoestima y desconfianza hacia futuras relaciones, llevando a la persona a asumir que todos los vínculos se desarrollarán de la misma manera. Quien recibe el ghosting experimenta emociones intensas como rabia, tristeza y una fuerte sensación de rechazo y abandono, que puede desencadenar un episodio de depresión mayor", advirtió.

Según la experta esto puede generar ansiedad, deterioro de la autoestima y desconfianza hacia futuras relaciones

¿Qué pasa con quien hace ghosting?

Aunque la persona que desaparece puede experimentar “un alivio” al evitar el conflicto, Sarmiento enfatizó en que esto le impide desarrollar habilidades comunicativas esenciales, como la empatía, el establecimiento de límites y la resolución saludable de problemas.

"La responsabilidad afectiva exige entender que toda persona merece respeto, lealtad y una comunicación asertiva. Es necesario madurar y aprender a decir si  ya no desea continuar o si prefiere tomar distancia antes que simplemente desaparecer", afirmó.

Frente a la incertidumbre que genera esta conducta, la especialista recordó que la partida de alguien no define el valor personal de quien se queda y que lo fundamental es “proteger la autoestima y no perseguir a quien decidió irse”.

“Es vital permitir el proceso emocional porque sentir rabia, molestia o decepción es completamente normal”, dijo.

Asimismo, entregó algunas recomendaciones para afrontarlo tales como evitar la revisión constante de redes sociales, acudir a personas de confianza que validen estas emociones y recordar que este patrón no representa a todas las personas.

“A pesar de que existen dinámicas hirientes como el ghosting, aún prevalecen quienes eligen la lealtad, el respeto y la honestidad al comunicar lo que sienten”, puntualizó.

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